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La subasta trágica de Sabrat´n

Sabrat’n es el nombre histórico que los fenicios dieron a Sabrata hacia el año 500 a. de C., hace mucho tiempo, aunque a veces a la vista de los cambios que se registran dentro de la ciudad y en sus alrededores, se tiene la sensación de que en realidad las cosas no han cambiado mucho.

En los tiempos de los fenicios, el comercio era la principal actividad del puerto de Sabrat’n. Desde las especias a los cubiertos, la madera y, lamentablemente, los esclavos. Esa era la práctica en esos tiempos oscuros, brutales e inciviles; cuando los seres humanos podían ser comprados y vendidos como mercancías y propiedades al mejor postor. Por lo tanto, damos gracias a Dios por haber evolucionado desde esa época salvaje. Ahora, en la era de la igualdad de derechos humanos y del profundo respeto por la vida, compartimos la necesidad común de ser tratados con dignidad, de no ser víctimas de abusos, con independencia de la situación en que nos encontremos.

Todo ello sería bueno y cierto respecto de la mayoría de la gente en el mundo —y mi querida Sabrata no es una excepción, pero siempre nos encontramos con un reducido número de individuos infrahumanos que no comprenden nada de lo anterior y que no dudarían en causar males o atrocidades a cualquiera si ello les reportara un beneficio propio. Es triste, pero así ha sucedido a lo largo del tiempo, y en un momento en que los beneficios materiales y la avaricia se celebran por doquier. La riqueza es un símbolo de estatus y algo a lo que hay que aspirar, y Sabrata no es inmune a esto. Su notorio comercio ilegal de seres humanos ha florecido en ausencia de unas estructuras legales y de seguridad adecuadas.

El 2 de octubre de 2016, estalló una batalla cruenta en Sabrata. Al principio, la población local pensó que se trataba de milicias combatientes que hacían lo que mejor saben hacer, que es aterrorizar a la comunidad; hasta que se convirtió en algo casi cotidiano a lo que, por desgracia, todos se han acostumbrado. Sin embargo, en esta ocasión, algo había cambiado. El enfrentamiento no era entre las milicias conocidas de Sabrata, sino entre dos grupos armados desconocidos, uno de Al-Zawiya, a 20 km al este de Sabrata, y el otro de Zwara, ciudad próxima a Sabrata hacia el oeste. Lo que hizo que este incidente fuera distinto a otros anteriores fue que los enfrentamientos no se limitaron a la lucha sobre el terreno, sino que se produjo una escalada hasta llegar a una guerra total en el mar, en la medida en que cada grupo trataba de destruir el suministro de inmigrantes ilegales del otro. Con las medidas adoptadas por la autoridad local de Zwara contra el comercio de seres humanos para detener el flujo de inmigrantes africanos que llegan a la ciudad, y con Al-Zawya incapaz de convertirse en un actor eficaz debido a los obstáculos naturales y geográficos de sus costas —que hacen que sea muy difícil para los barcos aproximarse a la orilla—, Sabrata se convirtió en el primer núcleo en el oeste de Libia para la travesía hacia Europa.

El pasado mes de julio, se produjo un enfrentamiento mortal entre los militantes de Zwara y las milicias de Al-Zawiya a las afueras de Sabrata. El conflicto se resolvió rápidamente y las fuerzas de seguridad locales lo consideraron un incidente insignificante, por tratarse del período de vacaciones en el que los libios procedentes de toda la zona del oeste llegan para disfrutar de las preciosas playas y el buen clima. No fue hasta bastante más tarde cuando se conoció la verdadera razón del conflicto. El oscuro motivo del enfrentamiento se conoció por fuentes próximas a miembros de las milicias locales implicadas en el comercio de seres humanos. Según afirmaron, la razón real de los enfrentamientos fue una subasta de inmigrantes en Sabrata que derivó en un caos cuando los contrabandistas de Al-Zawiya acusaron a los de Zwara de bajar los precios de los inmigrantes por cabeza con el fin de cortar el suministro de inmigrantes por parte de Al-Zawiya a los traficantes de Sabrata. Y como sucede en todos los desacuerdos que afectan a las milicias criminales, la única manera de resolverlos es mediante el uso de la violencia. Los cárteles de los tráficos locales, en un intento de impedir que la situación se les fuera de las manos y por no arriesgarse a perder el suministro continuo de inmigrantes que desean viajar a Europa desde ambas ciudades, se esforzaron al máximo por acabar con el conflicto y lograr un acuerdo entre las partes.

Esta subasta trágica en la que los seres humanos se reducen a una mercancía que se puede comprar y vender por un precio establecido es lo peor de la situación en la nueva Libia. La avaricia sale por cualquier medio posible —aunque de forma inevitable conducirá a una generación de gente moralmente corrupta y sin conciencia.

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