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¿Por qué no decimos el sueño español?

Toda nuestra existencia es un continuo martilleo con una frase repetida constantemente: “El sueño americano”. Nos la han repetido hasta la saciedad en series de televisión, películas, libros, etc. Pareciera que los estadounidenses, que no americanos, porque ese gentilicio pertenece a todos los habitantes del continente y no es propiedad de ellos, tuvieran un macro-plan de marketing de su país. Ese plan parece indicarnos que solamente allí es posible soñar y alcanzar metas, que sólo allí los que se esfuerzan triunfaran.

En la actualidad, con una dura crisis, económica y de principios, nuestros jóvenes se preparan en nuestro país, en nuestras universidades, con profesorado español, para después emigrar en busca del sueño americano, el sueño alemán, el sueño francés o cualquier otro sueño ubicado en otro país. Lamentablemente, lo que se encuentran casi siempre no es un sueño sino todo lo contrario, los receptores se aprovechan de los emigrantes y de sus conocimientos para no tratarlos nunca como a los suyos, aunque estén mejor preparados que ellos. Los técnicos de la economía dicen que esto obedece a la ley de la oferta y la demanda. Ofertan sueldos bajos y puestos peores que los de los locales y demandan conocimientos y preparación. Creo que esto ahora también se denomina “globalización” y no “aprovechamiento”.

Viendo las circunstancias parece que sólo se puede pelear por ser alguien fuera de España. La realidad es que yo creo que no y es por ello que quisiera contaros una historia, la historia de un sueño español. Si español, nuestro, de aquí.

En 2016 falleció en Madrid un noble señor, porque noble es el que tiene nobleza y señor el que tiene señorío y Jesús tenía grandes dosis de las dos cosas. Este hombre de pueblo, sencillo trabajador, nació en El Escorial y tuvo que sufrir nuestra Guerra Civil y la posterior post-guerra con el consiguiente sacrificio, necesidades y hambre. Por supuesto era difícil tener oportunidades en aquella época. Pero él era un hombre trabajador y sacrificado y aprendió el oficio de fontanero, una importante profesión que nos saca a todos de mil apuros. Si atendemos al lenguaje utilizado por algunas de las personas que ostentan posiciones de alto nivel en la sociedad, y alcanzan eso que ellos denominan clase social, dirían que Jesús fue “un simple fontanero”. Quizás se olvidan de que su generación nos han facilitado la España que hoy disfrutamos y en la que vivimos mucho mejor que vivieron ellos. Nuestros padres fabricaron el “colchón de plumas” en el que vivimos ahora y creemos que ha existido siempre.

Jesús se casó con Esther, otra sencilla mujer de un pueblo de Salamanca. Sencilla pero trabajadora y muy ahorradora. Ambos tenían un plan. Querían vivir mejor que sus padres y que sus hijos viviesen mejor que ellos. Ambos tenían un sueño español.
En 1959 nació su primer hijo, que se llamaría Jesús. A Jesusito le llamaban cariñosamente “el hijo del fontanero”. Eran un apelativo cariñoso pero también una lápida que parecía marcar su principio, su trayectoria y su fin. ¿Qué podría llegar a ser el hijo del fontanero?. Seguramente seria fontanero como su padre. Pareciera que unos son hijos de un Dios Mayor y otros son hijos de un Dios Menor.

En 1963 nació su segundo retoño Era una niña y, como era tradicional en aquella época, se llamaría Esther, como su madre. Esther, como no, era cariñosamente Esthercita, la “hija del fontanero”. Otra que había nacido con lápida. Seguramente sería una buena madre y esposa de algún trabajador, quizás de otro fontanero.

Ambos heredaron el espíritu de sacrificio de papa y mama, la capacidad de luchar contra las circunstancias y sobre todo pudieron vivir en otra España. Vivieron la época de la Transición y las décadas posteriores donde pudieron ser testigos de un constante crecimiento. En nuestro país irrumpía el seiscientos, el milquinientos, el NODO, la televisión en blanco y negro y después en color y muchas otras cosas que parecían anunciar un futuro halagüeño para todos. La España creada por los fontaneros, albañiles, barrenderos, agricultores y, por supuesto, por abogados, ingenieros, científicos, políticos, etc, todos ellos simples trabajadores, era un país mejor que ya apuntaba hacia la libertad.

Con las lecciones aprendidas en casa y grabadas en su cabeza, Jesús hijo se licenció en Psicología, aprobó las oposiciones para el Ministerio de Justicia y ganó su plaza en un psiquiátrico penitenciario. También se doctoró en Psicología y comenzó a dar clases en una universidad española. Como nunca se cansó de estudiar y prepararse también se graduó en Derecho. Siempre estudió y trabajó y su camino no fue fácil y estoy seguro que en muchas ocasiones escucharía la voz del desaliento que le decía “¿A dónde vas hijo del fontanero?”. Pero no se amilanó, luchó , se esforzó y llegó a la cumbre de su montaña, la que él eligió.

La niña, Esthercita, trabajó y estudió, llevaba en los genes el mensaje del sacrificio. Se diplomó en Profesorado de Educación General Básica (EGB), el conocido y poco valorado “maestro”. Aprobó las oposiciones para el INSALUD y para la Comunidad de Madrid, donde trabaja desde hace ya más de 25 años. De mayor se graduó como Maestra de Educación Primaria. Para obtener su graduación defendió un trabajo muy interesante titulado “La Educación en valores”. Como se diría vulgarmente “vaya tela con la hija del fontanero”.

Pero ahora permítanme regresar a Jesusito, el “hijo del fontanero”. Hace tan sólo unos días, en la Universidad de Alicante, dio el discurso de clausura a los alumnos que se graduaban en Psicología, en su calidad de profesor y doctor. Una joya de discurso y una lección magistral, la última de su profe y de su maestro. Estos ya ex – alumnos tienen ahora la preparación técnica y deben comenzar a pelear por sus sueños. A ellos me gustaría decirles que su doctor ha perseguido su sueño y lo ha alcanzado en España, que aquí también podemos y debemos soñar, que nuestro país es tan grande como Francia, Estados Unidos o cualquier otro y que muy a pesar de los que piensan que tu “cuna” marcará tu vida eso no es así y el futuro se fabrica día a día con esfuerzo. Donde si no se puede llegar a las alturas partiendo de una sencilla familia.

Lo único lamentable de esta historia es que Jesús, el fontanero, nos abandonó y por tan sólo unos meses no pudo ver a su hijo dando una lección magistral, pero seguro que si los que se van nos pueden ver estará orgulloso de su vástago. Los que nos hemos quedado estamos muy orgullosos al verle.

Por cierto, el que escribe esta historia es el cuñado de Jesús, que a mucha honra es el hijo de un simple marinero. Por favor utilicemos bien el lenguaje y afirmemos desde hoy mismo que el sueño español existe. Solamente es necesario creer y pelear por lo que uno quiere. No escuchéis a aquellos que consideran que solamente algunos, los más ricos, poderosos o mejor situados, pueden llegar. Digámosles no, el SUEÑO ESPAÑOL existe y está a nuestro alcance y llegaremos muy a pesar vuestro y con ello contribuiremos a hacer más grande nuestro país

Gracias Jesús y Jesusito, gracias fontanero y doctor, gracias Esther y Esthercita, gracias madre y ama de casa y funcionaria y maestra, gracias porque sois un ejemplo del motivo por el que siempre seremos grandes.

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