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¡Mamá te he empadronado en Canarias y te mudas!

Llevo unos días leyendo en la prensa numerosos artículos sobre el impuesto sucesiones y la verdad es que cuando he intentado informarme sobre el asunto, para poder escribir este artículo, he acabado por no entender nada. Me refiero a la parte humana del asunto porque la otra la he entendido a la primera: “Algunos tienen que trincar hasta de los muertos para seguir viviendo así”.

Me limitaré a darles algunos datos y después, que es lo importante, intentaré hablar desde el punto de vista de la humanidad, del sentimiento y del respeto a nuestros muertos.

La Constitución Española, nuestra “ley de leyes”, establece en su artículado: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.  ¡Que bonito!

Pues bien, según el Registro de Economistas Asesores Fiscales (REAF), una persona de 30 años que herede de sus padres bienes valorados en 800.000 euros abonará, en concepto de impuesto de sucesiones, 164.000 euros en Andalucía, 89.168 euros en León, 1585 euros en Madrid y 174 euros en Canarias. ¿Van entendiendo por qué mama se muda a Canarias?.

La cuestión, metidos ya en el mundo de los sentimientos, es mucho más cruda de lo que parece. El negocio de la muerte comienza mucho antes de tener que abonar este impuesto que podría considerarse el último atraco, el de la Administración al ciudadano. En este momento ya te da igual que uno más te robe y sólo quieres que todo termine y poder descansar.

Bueno, vamos a los hechos. Un día mama, aferrada a la dura realidad de cuidar a su marido con una avanzada demencia, dice que ya no puede más. Solamente lleva diez años cuidándolo y aunque le da vergüenza lo que puedan pensar sus hijos, sus vecinos y sus amigos se rinde. Ha sufrido tanto que ya no tiene fuerzas, todo su esfuerzo no ha valido para nada y su amor, el que ha estado a su lado en los buenos y malos momentos, el que trabajaba de sol a sol, se va y ya ni la conoce. Mama siente vergüenza y ya todo le da igual. Ustedes, los que nos gobiernan, los que se llaman socialistas, liberales, moderados, etc, si deberían sentirla, aunque no creo que esto sea así porque realmente para sentir vergüenza primero hay que tenerla.

Reunido el conclave familiar, con la matriarca ahora como eje, hay que buscar una solución y llevarle a una residencia. Ahora afloran los sentimientos de abandono, de que no somos capaces de devolverle lo que él nos dio, etc. Como no podía ser de otra forma las subvencionadas tienen lista de espera para meses o más de un año. Al final hay que tirar de los ahorros y sufragar una privada. Los precios varían entre 1800 y 2500 euros. No pasa nada, mama seguirá sufriendo y pagando para que papá esté lo mejor posible. A los 14 meses te conceden una subvencionada, no es un regalo porque tenemos que pagar 1000 euros, y además se produce un detalle sin importancia, se encuentra a 40 kilómetros de casa de mama. Tampoco pasa nada y ella irá sacrificando su descanso nuevamente, está acostumbrada. Por supuesto papá acusa un nuevo cambio y su ya deteriorada salud le pasa la última factura y se nos va.

Ahora nos vemos abocados a una nueva y dolorosa situación. Papá ya no está, ya no le veremos nunca más y sólo podremos llorar su ausencia. Su vacío no podrá llenarse nunca. Pero no podemos dedicarnos mucho a sufrir su falta porque los “buitres de la muerte” están prestos a “sablearnos” y comienzas a pagar a la funeraria, al marmolista, a la florista, al cura, etc. La muerte de papa es todo un negocio.

Cuando ya crees que todo ha terminado y que papá por fin descansará, y nosotros también, se presentan otros más hábiles, los “expertos en aprovecharse del sudor ajeno” y te pasan una nueva factura.

Primero la Comunidad Autónoma (Impuesto de Sucesiones) y después el Ayuntamiento de tu ciudad (Plusvalia). Mama comienza a pensar que no puede pagar su parte con una pensión de 450 euros y da vueltas en su cabeza la idea siguiente: “¿Por qué trabajaríamos tanto y ahorraríamos para comprarnos dos pisos?. Creo que hubiese sido mejor vivir la vida y no preocuparnos de nada “. Como no vemos solución nos vamos a la Caja/Banco de toda la vida, la que han rescatado con el dinero de todos, para pedir un crédito y poder pagar los impuestos. Nos contestan que mamá es muy mayor y que nosotros ya tenemos hipotecas y no nos pueden dar un crédito. ¡Que injusticia!

La verdad es que estoy siendo muy injusto con los que nos gobiernan y con nuestros banqueros porque si tenemos una solución y es renunciar a la herencia y que el Estado se quede con todo. No veo ninguna forma mejor de contribuir a que un gobierno socialista, que defiende a la clase obrera, se perpetúe en el poder. ¡Viva la democracia y vivan nuestros gobernantes!. Mi padre os votaba y estaba convencido de que merecíais la pena.

A la vista de nuestra historia, en la que se verán reflejados muchos de ustedes, pueden juzgar si esto es normal o se trata de “un robo a mano armada”, si la presidenta autonómica de Andalucía se acostará contenta consigo misma y con su gestión. Y me refiero a esta presidenta porque tiene el tipo de impuesto más elevado de España.

Yo, por si las moscas, y viendo cómo van las cosas, he mandado a mamá a vivir a Canarias y la he empadronado allí.

Ella, la pobrecita, me ha preguntado: ¿Por qué tengo que ir a vivir a Canarias si tu padre y yo trabajamos toda la vida para tener nuestra casa en Málaga?

Le he dicho que es bueno porque si se muere en Málaga, su ciudad del alma, su piso no pasará a manos de sus hijos y tendremos que entregarlo. Además le he dicho que aquel clima es mejor para su salud. Creo que solamente ha querido escuchar la última parte de mi discurso. Ya no tiene fuerzas y se ha entregrado. Ella no sabe que en el fondo la estoy protegiendo y así podrá, con su pensioncilla, tomarse su cafecito y su bollo por las mañanas. Es el lujo que se permite ahora que su amor no está y supongo que aprovechará para llorar su falta.

Prefiero no darle un disgusto y contarle que aquellos a los que ella vota convencida no se preocupan de ella ni de papá, que no les importan nada y que solamente se acordarán de ellos cada cuatro años.

Por cierto. Que tengan ustedes buenos y placenteros sueños. Pueden descansar tranquilamente como se descansa después de un trabajo bien hecho.

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