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Expertos en gramática rechazan “forzar” el uso del lenguaje con fines políticos

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“Un vocablo resultante de un error o del capricho ideológico de un colectivo, por justa que sea su causa, no sirve a la comunicación, más bien la entorpece”, afirman

. Expertos de la Universidad de Oviedo en gramática del español y ortografía han rechazado este miércoles “forzar” la gramática y el uso del lenguaje con fines políticos. A raíz de las declaraciones de la portavoz de Unidos Podemos en el Congreso de los Diputados, Irene Montero, y el uso cada vez más generalizado de determinadas palabras desde una perspectiva de género entre algunos partidos y organizaciones, los profesores José Antonio Martínez y Serafina García han coincidido en rechazar esta “mala utilización” del lenguaje, al considerar que “entorpece la comunicación”.

De hecho, la profesora Serafina García, experta también en norma y uso del español actual, ha asegurado en declaraciones a Europa Press que “el hecho de desfigurar los escritos y los discursos con los famosos ‘desdobles de género’ con el objetivo de ‘visibilizar a la mujer’, no solo parece incorrecto, sino que es totalmente inútil”. Además, considera que es “incorrecto” porque “altera la gramática y hace muy difícil la comunicación”.

Así, ha explicado que la palabra “portavoz” es un compuesto formado por el verbo “portar” en tercera persona y la palabra “voz”, no es una palabra simple a la que se le añada una terminación en -a o en -o. “Los compuestos de este tipo tienen un género fijo que puede o no coincidir con el del sustantivo final, cuando se refieren a personas, pasan a tener género común, es decir, este solo se muestra por la concordancia con el artículo o los adjetivos: el / la portavoz”, ha precisado.

En la misma línea el profesor José Antonio Martínez, experto en gramática y ortografía, ha señalado que “un vocablo resultante de un error o del capricho ideológico de un colectivo, por justa que sea su causa, no sirve a la comunicación, más bien la entorpece, y generalmente da apariencia de comunicado cuando en realidad no se quiere decir nada”. “La corrección lingüística es garantía de comunicación entre todos, más allá o más acá de las creencias, intereses y sentimientos diversos e incluso enfrentados, de los ciudadanos”, ha puntualizado.

En el caso concreto del uso del término “portavoza”, ambos expertos han coincidido en rechazarlo, entendiendo, en palabras de la profesora Serafina García, que “una cosa es generalizar la variación -o/-a a palabras que antes no se usaban casi nunca en femenino porque las mujeres no ocupaban algunas profesiones o cargos habitualmente, como diputado/-a; catedrático/-a, etc., y otra cosa distinta es forzar la gramática hasta hacer irreconocible un compuesto”.

Así, ha explicado que los casos que terminan en consonante “son problemáticos por diversas razones”. Se ha referido, por ejemplo, a que muchos habían adquirido una acepción peyorativa, como jueza, concejala o generala porque fueron usadas mucho tiempo con el valor de ‘la mujer de’. Otras veces, ha explicado, es cuestión del sufijo. “Por ejemplo ‘-ista’, etimológicamente, no tiene variación, por eso es una ‘aberración’ gramatical la palabra modisto”.

“SOMOS MUY ESCÉPTICOS SOBRE LA EFICACIA DE LAS FÓRMULAS JERGALES”

Preguntado sobre el impacto que tiene sobre el lenguaje la utilización de términos gramaticalmente incorrectos como “portavoza” para “conseguir propósitos”, el profesor José Antonio Martínez ha señalado que “parece socialmente inadmisible hacer creer que determinadas expresiones sin sentido lingüístico ni pragmático cambian la realidad histórica de las mujeres”.

“En general, los lingüistas y los gramáticos, incluidas nuestras colegas, somos muy escépticos sobre la eficacia de las fórmulas jergales de ciertos grupos feministas; nos parecen más cercanas al vudú y al exorcismo que a un trabajo e intervención en la realidad diaria de las mujeres reales”, ha señalado.

En la misma línea la profesora Serafina García ha lamentado que en estos casos “lo que sufre es la comunicación”, al “interferir” un uso no convencional de la lengua en el mensaje que se quiere transmitir. “En este momento, nadie sabe qué quería decir Irene Montero, ni nadie ha reproducido su discurso por lo que quería transmitir, sino solo por la anomalía lingüística. Se ha producido un estruendoso fallo de comunicación”, ha zanjado.