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Túnez: La actividad de los pasadores (I)

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Hoy en día, el tráfico de personas es una actividad lucrativa dirigida por redes mafiosas establecidas en varios países africanos, sobre todo, en el norte de África. Cada red tiene su propio modus operandi, pero las técnicas básicas siguen siendo las mismas.

En el caso de los marfileños, Túnez es uno de los principales países de tránsito.

Existe una parte de la red establecida en los distintos países de origen cuyo papel principal es la búsqueda de mercancía, que no es otra que los candidatos a la migración irregular. Quienes trabajan en esta parte de la red tienen que tener mucha labia, pues deben inspirar confianza en los posibles candidatos a la migración; para ello, hay que tener el talento necesario para convencerlos.

Los argumentos utilizados siguen siendo la promesa de un empleo de calidad con una remuneración tentadora, un alojamiento sin precedentes y una forma de vida occidental.

Sin embargo, para ser elegido para iniciar el viaje, no hay que cumplir ninguna condición en especial, salvo disponer de algo de dinero y tener un pasaporte válido y una cartilla de vacunación, ya que, independientemente de que se sea mayor de edad o no, va a ser aceptado para embarcar.

La otra parte de la red, que está establecida en Túnez y en los otros países del Magreb y que, en realidad, constituye el cerebro del tráfico, se encarga de todos los aspectos administrativos necesarios para garantizar el desplazamiento y dar al viajero la impresión de haber elegido una vida mejor; salvo que la realidad va a ser muy diferente. En connivencia con algunas agencias de viajes, estos traficantes entregan a los distintos candidatos a la migración falsas reservas de hotel que sirven como visados, ya que, en el caso de Costa de Marfil y de otros muchos países africanos, de conformidad con los acuerdos diplomáticos existentes entre algunos países del África subsahariana y del África Negra, no es necesario disponer de visado. También se amaña el billete de avión porque, aunque en los billetes se puede ver la información reglamentaria, esta suele ser manipulada por los mismos falsificadores.

Cuando los candidatos a migrar se presentan en el aeropuerto acompañados de los vendedores de ilusiones encargados de la búsqueda y gestión de los viajeros del país, hay que volver a negociar el embarque, ya que entre los candidatos algunas veces hay menores no acompañados. De esta manera algunos funcionarios de control hacen mucho dinero al aceptar enviar a la boca del lobo a personas que, algunas veces, ignoran la realidad del lugar.

Tras llegar a Túnez, hay que volver a negociar la salida del aeropuerto; todos conocen el precio: 50 euros. Hay que introducir esta suma en el pasaporte en el último puesto de control para que a uno no lo molesten. Este sistema está legalizado en cierta manera; independientemente de quién sea el agente de policía que esté de servicio, el ritual es siempre el mismo.

Algunas veces, para facilitar la tarea a los viajeros, la segunda parte de la red establecida en Túnez se encarga personalmente de negociar con los funcionarios de control tunecinos: les entrega directamente la suma requerida acompañada de una lista con los apellidos y nombres de los viajeros a los que ayudan.

Tras salir del aeropuerto, los viajeros se enfrentan a su primera desilusión: quienes los van a recibir les retiran inmediatamente los pasaportes y se quedan con ellos pretextando que los necesitan para elaborar la tarjeta de residencia. En realidad se trata de una garantía de que los viajeros no van a huir y van a cumplir todos sus compromisos, ya que el trabajo de calidad que les prometieron al partir no es sino una utopía. En realidad se trata de un contrato de trabajo urdido de antemano y de palabra por los miembros de la red establecida en Túnez y particulares de origen tunecino —algunas veces de origen europeo— para explotar de forma inapelable a estos africanos que buscan una vida mejor. Los emplean como asistentas, criadas, peones, niñeras, vigilantes nocturnos, etc. El contrato varía entre tres (3) y (5) meses. Durante este tiempo, los trabajadores no reciben ningún sueldo porque los traficantes ya han percibido una suma que oscila entre los dos mil (2000) y los cuatro mil (4000) dinares tunecinos, es decir, entre setecientos setenta (770) y mil quinientos cincuenta (1550) euros.

Normalmente los traficantes utilizan como argumento para justificar este robo el precio del billete de avión adquirido y el dinero empleado en el papeleo administrativo del viaje. Sin embargo, al salir, cada viajero ha entregado una cantidad de dinero que va desde doscientos mil (200 000) francos CFA, es decir trescientos diez (310) euros —el que menos— hasta, a veces, un millón (1 000 000) de francos CFA, es decir, mil quinientos cincuenta (1550) euros.

Como no se pueden marchar porque los traficantes les han retenido sus documentos de identidad, los migrantes se ven obligados a someterse a diferentes formas de humillación a manos de las personas para las que trabajan y a sufrir todo tipo de maltrato.

Al cabo de cinco (5) meses de calvario, los migrantes se vuelven a encontrar contra las cuerdas. Como ya no pueden tratar con los traficantes, que ya se ocupan abiertamente de nuevas conquistas, ni con las personas que les dan trabajo, que ya están a la espera de nuevas víctimas, ahora se encuentran solos frente a su destino. Deben encontrar un trabajillo que les proporcione alimento y un lugar donde vivir; en pocas palabras, deben vivir. Como se encuentran en situación irregular, se ven obligados a jugar al gato y al ratón con las fuerzas de seguridad locales para salir adelante; después de tres (3) meses de permanencia, hay que pagar una multa de (20) dinares por semana u ochenta (80) dinares al mes, el equivalente a ocho (8) euros a la semana y treinta y dos (32) euros al mes. Imagínense por un momento a un migrante que acaba de terminar un contrato de cinco (5) meses, que no tiene qué comer, pero que ya debe al Gobierno tunecino dos (2) meses de multa; algo inconcebible.

Imaginen a un migrante que después de cinco (5) meses de contrato consigue un trabajillo. Al cabo de un año de trabajo consigue ahorrar mil (1000) dinares, es decir, trescientos ochenta y cinco (385) euros. Su multa ascenderá a novecientos sesenta (960) dinares, es decir, trescientos sesenta y nueve (369) euros. Le quedarán cuarenta (40) dinares, es decir, quince (15) euros.

Incluso si quisiera regresar a su país de origen, el resto del dinero no le permitiría comprar el billete de avión una vez pagadas todas sus multas. Por lo tanto, el desierto parece ser la única vía posible. Así pues, prefiere entregar todos sus ahorros a los pasadores para que los lleven a Libia, que es un país fronterizo con Túnez. Este es el principio de otro calvario.

Continuara….

John Dahl Carter