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Leiva: «Las grandes canciones están en momentos que aparentemente no tienen ninguna importancia»

Nuclear (Sony Music, 2019) no es un disco de amor, pero habla de amor. Tampoco es un disco social, pero habla de las relaciones sociales. Y no es en realidad un disco existencialista, pero sí nace de esa cotidianeidad en la que Leiva (José Miguel Conejo Torres, Madrid, 1980) encuentra sus canciones.

«Hay que tratar de seguir encontrando canciones en momentos cotidianos», apunta a Europa Press el músico madrileño, para luego ahondar con decisión: «Las grandes canciones están en momentos que aparentemente no tienen ninguna importancia. No creo que las grandes canciones estén en los grandes acontecimientos de la historia».

Y va aún más allá al asegurar que las canciones «que más nos conmueven» a todos tienen un toque de existencialismo cotidiano porque nacen en un «gesto en una siesta o un pelo en un lavabo». «Ahí están las grandes canciones y me gustar estar siempre pendiente de eso», apostilla.

El sonido del álbum acompaña esta idea, pues está «sostenido por la mínima producción posible, quitando elementos más que sumando con respecto a otros discos». «Es un disco de banda tocado y grabado a la vieja usanza. Para ser honesto con los textos, que son también directos sin dar muchas vueltas, la música tenía que ser algo imperfecto pero auténtico», resume.

Vuelve entonces Leiva al concepto de Nuclear, que tiene que ver, aparte de con el corazón de las cosas, con la imagen de un «lugar devastado, un escenario donde han ocurrido muchas cosas». «Me gusta hacer esos símiles con las relaciones humanas. A veces un hotel, una habitación de hotel, tu casa o una casa de vacaciones se convierte en una zona nuclear, un lugar de batalla absurdo», explica.

Y aún agrega: «Me gustaba esa imagen de las águilas sobrevolando una zona nuclear. Y me gusta ese doble sentido que tiene el disco, que al fin y al cabo es el núcleo de las cosas pero también las zonas devastadas, que es algo que nos ocurre a los seres humanos. Es también ese silencio, ese silbidillo que queda cuando todo ha acabado… Hay mucha música ahí».

CUIDAR AL COMPRADOR DE DISCOS

Sobre estas premisas ha levantado Leiva este Nuclear, su ya cuarto álbum en solitario desde los cada vez más lejanos ‘años locos’ de Pereza, que se aferra al corazón como núcleo de todo lo que nos pasa. Por eso, en su formato CD cuenta con una cuidada presentación original con un corazón decapado, obra de Boa Mistura.

«Así queda retratado el concepto del disco, con el corazón como núcleo desde donde ocurren las cosas. Es un corazón decapado, porque con cada pedacito que vas dejando de ti en cada canción va generando una capa y cuando superpones todas al final es un músculo donde nacen las cosas», explica sobre esta peculiar edición, que busca también un segundo objetivo.

«He tratado de cuidar al romántico que todavía se desplaza a una tienda a comprar un disco», remarca, al tiempo que defiende: «Que se lo lleve, que lo huela, que se lleve un objeto realmente con compromiso y de valor. Cuidar el disco como objeto sigue siendo mi misión, aunque nadie lo entiende. Habría que sacar canciones sueltas y olvidarte de discos. Acabará ocurriendo, pero mientras se pueda yo quiero seguir contribuyendo a cuidar al comprador de discos».

Tras lamentar que «vivimos en unos tiempos en los que el consumo de música es muy rápido, casi de comida rápida», Leiva destaca que él pertenece a una «generación que entendía las canciones dentro de los discos». A una generación, quizás más romántica, que daba más valor a la profundidad de una canción o un buen texto.

Y plantea divertido sobre esto último: «Ir dejando tus discos y libros en otras casas es casi como conquistar territorios. Ahí estás en esas casas. Nuestros discos y libros tienen tanto que ver con fragmentos de nuestra vida que es como los perfumes, que los hueles y vas directamente a alguien. A mi eso me pasa con los libros y las canciones».

Todas estas reflexiones llevan a Leiva, en definitiva, a recordar aquella otra forma de relacionarse, bien diferente a la actual de las redes sociales: «Ahora nos comunicamos a través de una pantalla. Estamos comiendo con cuatro móviles encima de la mesa. Nos asustaríamos si midiéramos el porcentaje de veces que miramos el móvil en una conversación en una comida».

No duda por eso Leiva al subrayar que vivimos en una «hiperconexión» que conlleva una «necesidad de aceptación muy bestia». «Hay cierta bipolaridad a la hora de tener tu ‘yo público’, tu ‘yo de redes’, tu propia marca si cabe. Vivimos un poco así, cultura de titular, ya no hay tiempo para sentarse a degustar un artículo sin tener miles de imputs. Se están ganando cosas, vamos a todo trapo con la información sin filtros ni intermediarios, pero tenemos que pararnos un rato a esperar».

GIRA DE PRESENTACIÓN

Nuclear llega a las tiendas este viernes 22 de marzo, pero Leiva ya está mirando más allá y trabajando en su correspondiente gira de presentación, que arrancará el 10 de mayo en Salamanca y recorrerá después pabellones y grandes recintos de una quincena de ciudades españolas, incluyendo doblete de conciertos en el WiZink Center.

Admite el madrileño sentirse «sorprendido» por esta respuesta del público, «principalmente porque pensaba que la reacción buena o mala iba a ser después del disco», cuando la gente lo escuchara y pudiera decidir si seguían a su lado. «Pero resulta que los tickets se han vendido antes de que saliera el disco y la gente me ha mandado un mensaje muy potente de fidelidad», concede.

«Me multiplica la responsabilidad y me hace tener mucho más compromiso si cabe con las giras, las canciones y el espectáculo que vamos a llevar», asegura, detallando después que tras las fechas ahora anunciadas harán un parón para regresar en invierno. «Y el año que viene haremos festivales y saldremos a Latinoamérica… a Perú, Uruguay, Colombia, México, Argentina… a trotar», avanza con una sonrisa que mezcla ilusión y ansia.

Ante un horizonte tan lustroso, reflexiona Leiva sobre el concepto del éxito, asegurando que para él sigue siendo muy parecido a cuando soñaba con dedicarse a la música: «Cuando era pequeño veía a una banda de mi barrio -Alameda de Osuna- que se llamaba Buenas Noches Rose y, mientras yo iba al instituto, ellos ya no iban porque estaban tocando, se estaban dedicando a ello».

«El sueño de todos era pensar ‘hostias, ¿existirá la posibilidad de que nos podamos dedicar solamente a la música?’ Para mí, eso era tocar el cielo y hoy sigue siendo lo mismo. Tengo una cosa como muy fuerte dentro porque soy muy consciente de lo difícil y acrobático que es esto», resalta.

Y termina Leiva casi preguntándose por qué él y no otro: «Yo no soy un buen cantante. Yo no soy Tarque, que puede hacer lo que le dé la gana y le va a salir bien al cabrón porque es el mejor. Los que no tenemos esa voz tenemos que seguir contando historias. De tener una voz de no cantante, de tocar la guitarra como un no guitarrista y grabar baterías como un no batería, he acabado encontrando un lugar propio, me da la sensación».