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Marie, una refugiada en España: «Cuatro años esperando asilo son muchos días y horas de incertidumbre, soledad y miedo»

Marie, una joven camerunesa que acaba de convertirse en una de las beneficiarias de protección internacional, llegó a España en patera hace cuatro años y «por fin» ha visto resuelta su solicitud de asilo. «Cuatro años parece una cifra cualquiera pero son muchos días, muchas horas de incertidumbre, de soledad, de miedo», ha señalado.

Ella ha contado su historia durante el acto de presentación del informe anual de ACNUR ‘Tendencias Globales’, con motivo del Día del Refugiado, que se celebra mañana, 20 de junio. El documento refleja que 2018 cerró con un nuevo récord de 70,8 millones de personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares por conflictos, violencia y persecución.

La espera hasta conseguir asilo, según ha relatado, es «muy difícil cuando no tienes nada, no consigues trabajo, no hay plaza de acogida o vivienda», y más «cuando eres mujer, estás sola y eres vulnerable». Una vez reconocida oficialmente como refugiada, sostiene que para ella «lo más importante es poder trabajar y no depender de ayudas».

Quiere «una oportunidad» para poder comprar comida a su hija de dos años, poder pagar el alquiler y, en este sentido, agradece la que le han dado desde uno de los restaurantes que participarán en el ‘Refugee Food Festival’, un gastrofestival que se celebra en Madrid este mes de junio en el que se ofrecen platos procedentes del país de origen del refugiado que los cocina.

Marie insiste en que ella quiere «ser útil», «aprender» y ser «independiente». «Necesitamos apoyo y que la discriminación desaparezca. Hemos sufrido mucho, pero somos personas con muchas ganas y energía», ha dicho, incidiendo en que «no defraudará» a quien le dé una oportunidad laboral. Según asegura, su vida «no ha sido fácil», pero ahora confiesa que siente que «las cosas pueden cambiar».

«VIAJE LARGO» HASTA ESPAÑA

Marie llegó a España desde Camerún, su país de origen, que está a más de 4.000 kilómetros de Madrid. «Lo más difícil no fue la distancia, sino lo que tuve que pasar», señala, apostillando que fue un «viaje largo» que hizo primero a pie, luego en coche, y lo terminó en una patera.

Para ella, España significaba «un país seguro», aunque admite que «no fue fácil dejar todo atrás». Llegó a costas españolas sin hablar español, sin amigos ni familiares, pero «rodeada» de personas que, como ella, huían «del peligro».

«Lo más difícil no fue no hablar español, sino que me sentía discriminada –afirma– Nadie entiende de dónde vienes ni porqué estás en esta situación ni qué nos obliga a buscar desesperadamente un lugar seguro». «No es fácil integrarse en una nueva sociedad sin ayuda», defiende, al tiempo que menciona la labor de las organizaciones que atienden a refugiados desde el momento en el que llegan a territorio español.