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La Guardia Civil: Ana Julia Quezada intentó dirigir la investigación y consumió tiempo y recursos

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La acusada, mientras desenterraba a Gabriel para meterlo en el coche: «Tranquila Ana, que no vas a ir a la cárcel».

El teniente de la Guardia Civil que instruyó la investigación sobre la desaparición del niño de ocho años Gabriel Cruz y el sargento primero jefe del Grupo de Homicidios y Desaparecidos han remarcado ante el tribunal de jurado cómo Ana Julia Quezada «intentó en todo momento dirigir» las pesquisas y cómo «desgastó y consumió tiempo y recursos» de los agentes creando un escenario para dirigir las sospechas hacia su ex pareja sentimental.

«Ponía la tirita antes de la herida», ha expresado de manera muy gráfica el teniente, a lo que el sargento primero ha añadido que ella asumió «en todo momento» la representación del padre del pequeño, Ángel Cruz, por lo que «todo lo que le decíamos a él, ella lo acababa sabiendo y podía ir anticipándose a los planes que teníamos». Han negado también cualquier colaboración una vez ya detenida: «No nos dijo ni dónde lo había matado ni dónde iba a enterrarlo».

En la tercera sesión de la vista oral celebrada este miércoles, han trasladado que cuando la procesada, conocedora que de dos vecinos habían afirmado el primer día haber visto una furgoneta blanca que no era del pueblo a la hora en la que desapareció Gabriel, comentó que su ex compañero sentimental tenía una y que «odiaba a los niños», por lo que tuvieron que «invertir tiempo en descartarlo».

«Usó esa información para dirigir contra él la investigación y por eso organizó la batida el día 2 con Ángel y dos amigos; para llevarlos hasta la puerta de su casa», ha dicho el teniente a lo que el sargento primero ha añadido que esa «conclusión era clara».

Con posterioridad, el sargento primero ha recordado que Ana Julia Quezada mencionó a su expareja el mismo día 28 «diciendo que había terminado muy mal con él aunque matizó que no creía que tuviera nada que ver» y que en la tarde del día en que un can del servicio cinológico inspeccionó su vehículo «llamó para decir que se habían encontrado con él y tenía una furgoneta blanca».

Han apuntado, asimismo, que la madre del menor, Patricia Ramírez, expresó que la acusada le «infundía sospechas en concreto el día 4 de marzo» cuando, según han remarcado, se empezaban a «suceder hechos que apuntaban» a que Ana Julia Quezada estaba «secuenciando» su actuación, y tras el hallazgo de la camiseta del niño, «seca y limpia», en un cañaveral próximo al camino de acceso precisamente a la casa de su expareja.

«METIÓ LA PATA» CON LA CAMISETA

A preguntas de la acusación particular para intentar desmontar la versión que dio el martes apuntando a que puso la camiseta ahí para que la «atraparan», el sargento primero ha indicado que le tomó declaración esa noche y que le pareció que «ella era consciente de que había metido la pata con ese paso y estaba muy nerviosa».

La supuesta pérdida en hasta dos ocasiones de un teléfono móvil por parte de la procesada, los días 2 y 3 de marzo, ha sido interpretada por los dos guardias civiles como «totalmente voluntaria» al tiempo que han señalado que tuvieron que intervenir los teléfonos de todos los familiares del niño por la «facilidad que ella tenía para intercambiarlos y así salvaguardar el anonimato» de sus comunicaciones.

Sobre las «visitas continuadas» de Ana Julia Quezada a la finca de Rodalquilar donde dio muerte al menor y lo sepultó «temporalmente», según han remarcado, el teniente ha afirmado con crudeza que, si bien ella decía que iba allí «porque le daba paz y tranquilidad» en realidad en esas visitas de «apenas diez minutos» pretendía «verificar que ninguna alimaña había escarbado o destapado el cuerpo», que también podía quedar a merced de «la intensa lluvia de esos días».

El teniente, quien solicitó que se confeccionaran diligencias policiales y recogiera declaración a los conocidos de la procesada en Burgos, su anterior residencia, ha afirmado que la información recabada les permitió hacer un «perfil» de ella como una persona «muy fría, totalmente materialista y calculadora». «Nos llegaron a decir en petit comité que sus dos matrimonios habían sido por dinero», ha apuntillado.

«LA DEJAMOS ACTUAR»

A preguntas de la acusación particular sobre por qué no se detuvo a Ana Julia Quezada cuando observaron cómo desenterraba el día 11 de marzo el cuerpo de Gabriel de la finca de Rodalquilar, ha asegurado que «teníamos que saber si había alguna persona más vinculada a esa muerte» y que no sabían qué «iba a hacer con el cuerpo». «La dejamos actuar hasta que ya vimos que se dirigía a su casa vacía y la detuvimos cuando desacreditamos cualquier participación de un tercero».

En este punto ha revelado un extremo de las grabaciones realizadas en el interior de su coche gracias al micrófono con GPS instalado bajo autorización judicial en su interior que no había trascendido en el sumario hasta ahora. Según ha especificado, al margen de las expresiones ya conocidas y de que entra y sale varias veces «sacudiéndose las manos de tierra», se dijo a sí misma: «Tranquila Ana, que no vas a ir a la cárcel».

La acusaciones han formulado preguntas encaminadas, asimismo, a descartar la idea de suicidio que la procesada reveló por primera vez en sala y han precisado que se hallaron en su bolso «diez o 12 comprimidos de relajantes musculares» y a reforzar la idea de que intentó envenenar al niño con anterioridad. «Se intervino un ordenador con un acceso directo a un video en el que se hablaba de las diez plantas venenosas más potentes del mundo», ha precisado el instructor de la investigación.

«SIEMPRE BUSCAMOS A UN NIÑO VIVO»

Con respecto a por qué no se registró «antes, durante los once días de búsqueda la finca de Rodalquilar, han trasladado que «por el mismo motivo que no se registró la casa de Las Hortichuelas con familiares pernoctando allí».

«Siempre buscamos a un niño vivo y ella alentaba que estaba vivo, raptado y que iba a aparecer», ha dicho para concluir que su sensación es que la acusada «no esperaba que se produjera el mayor despliegue de búsqueda de una persona por instituciones del Estado y que tuviera la repercusión que tuvo». «La intensificación del impacto mediático y social retraso su idea y trastocó su plan», ha subrayado.

Al hilo de esto, ambos guardias civiles han reseñado la «imposibilidad» de seguir a Ana Julia Quezada una vez las sospechas se centraron sobre ella y han recordado que tuvieron que «abortar operativos» porque «salía ella y salían tres coches con periodistas detrás». «Fue francamente difícil», ha lamentado.

Con anterioridad ha prestado declaración, tras renunciar las partes a la testifical del ex marido de la acusada y padre de su hija, el capitán Zaldive de la Guardia Civil, quien ha remarcado que el «punto de inflexión» para «priorizar» la investigación sobre Ana Julia Quezada fue el hallazgo de la camiseta en un cañaveral cinco días después de la desaparición.

«Extrañamente aparece en una zona, aislada, no de paso, que ya habíamos batido y ella defendía que era del niño porque lo había vestido ese día. Ahí entramos en contradicciones porque la abuela dijo que no lo hizo, por lo que a partir del día 3 de marzo centramos los operativos policiales en Ana Julia Quezada», ha remarcado.