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Libia: Los cárteles del combustible

La costa occidental libia es una de las más bellas del norte de África. Durante siglos, los habitantes de la zona han utilizado esta importante vía abierta, de gran belleza, para comerciar y hacer trueques con la otra orilla. Esta vieja tradición sigue viva, incluso más floreciente que antes. Con el colapso del gobierno y la desaparición del estado de derecho, no hay límite para cualquiera que desee aprovechar la situación para comprar y vender cualquier cosa que se tenga a mano, al margen de las implicaciones que se produzcan en la vida diaria de la población local.

Dos ciudades vecinas, Zwara y Sabrata, destacan entre las que han seguido este proceso. Las dos cuentan con una antigua tradición pesquera y un largo historial de utilización del mar como modo de vida. Sabrata es famosa desde un punto de vista histórico por sus ruinas romanas bien conservadas y por sus maravillosas playas de arena, mientras que Zwara es una popular ciudad “bereber” amazigh, con un fuerte sentido de identidad cultural y una larga historia de luchas contra sus ciudades vecinas árabes.

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Volviendo a la actualidad, y teniendo en cuenta todo lo que va mal en Libia, una de las pocas industrias que ha florecido desde la caída de Gadafi es la del contrabando de mercancías que tienen Libia como lugar de origen o destino. Uno de los negocios de contrabando de mercancías más floreciente es el de petróleo subvencionado por el Gobierno y destinado a los países miembros de la Unión Europea, principalmente Malta y España. La razón es que el precio del petróleo en Libia es muy bajo, en torno a 0,10 euros el litro. Este combustible se vende al contacto europeo por aproximadamente 0,60 euros el litro, aunque rara vez el pago se hace en efectivo. El intercambio se realiza en licor. Se trata de un buen negocio, ya que en Libia el alcohol está prohibido, lo que permite a las marcas europeas obtener veinte veces el precio que tiene en el mercado una botella de whisky.

Por ejemplo, 10 000 litros de combustible libio se venderían por 6000 euros. Los contrabandistas pedirán que el pago se realice, por ejemplo, en whisky Johnny Walker etiqueta roja, a un precio de 12 euros la botella. Serían por lo tanto 500 botellas, que en la calle se venderían a 200 dinares libios por botella. Si hacemos un sencillo cálculo matemático, serían 100 000 dinares libios que, restando el coste inicial del combustible para los libios, es decir 1500 dinares libios, daría un beneficio de 98 500 dinares libios. Son unas cifras alucinantes y este es solo un pequeño ejemplo. Lo que hace que este comercio sea un poco más complicado que el contrabando de personas es que el tráfico de petróleo requiere que los contrabandistas cuenten con algún tipo de infraestructuras.

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En primer lugar se necesita un barco de pesca grande que hay que transformar para poder transportar una gran cantidad de combustible y depósitos de gran tamaño en tierra para almacenarlo. Además, y esta es la parte más importante para los traficantes, tienen que conseguir una licencia de gasolinera para garantizar un suministro directo desde la refinería nacional a precios más bajos. También deben calcular las cantidades que pueden pedir sin que ello afecte a las gasolineras locales ni al suministro a los residentes.

Durante años, Sabrata y Zwara han competido juntas en el contrabando pero, como Zwara está muy implicada en el comercio de combustible por alcohol, esta pequeña ciudad se ha convertido en el principal actor del negocio de contrabando. Los carteles de contrabando de Sabrata han tratado de participar en este negocio tan lucrativo, pero con menos éxito que sus vecinos, ya que Sabrata es una ciudad mucho más grande, pero con puertos menos aptos para barcos de gran tamaño. Y lo que es más importante: su población es más estricta desde el punto de vista religioso. Admiten la posibilidad de participar en el tráfico de personas, pero les resulta totalmente inaceptable implicarse en el tráfico de alcohol. La envidia que ha despertado la gran cantidad de dinero en efectivo que los carteles de Zwara han empezado a amasar ha provocado cierta animadversión entre las ciudades rivales. Todo ello ha tenido como resultado numerosos actos de represalia entre ambas localidades. Las dos trataban de perjudicar los negocios de la otra. Tras la celebración de una reunión organizada por los carteles rivales, se ha reformado y estructurado la actividad del tráfico de combustible para que todos estén contentos. Los principales puntos del acuerdo son los siguientes:

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• El principal puerto de contrabando de petróleo está bajo el control de Zwara;
• La principal milicia de Al-Zawiya, en donde se encuentra la refinería que proporciona el combustible, se queda con una parte de los beneficios a cambio de proteger el flujo de los camiones cisterna a la salida de la refinería y en su camino hasta Zwara;
• A Sabrata se le permite tener en Zwara barcos que hagan contrabando de petróleo, pero tiene que contar con un contrabandista local que interviene como dueño parcial para que actúe fuera del puerto de Zwara;
• Se van a establecer gasolineras fantasma en Zwara y sus alrededores en asociación con otros contrabandistas de Sabrata y Al-Zawya para solicitar licencias que les permitan realizar pedidos de petróleo a la refinería de Al-Zawya a precios subvencionados de unos 0,13 dinares libios;
• Los pagos que se realicen a los funcionarios locales de Zwara y Sabrata harán que las autoridades no investiguen el contrabando (ni el dinero en efectivo, ni tampoco la participación de familiares o amigos, lo que deja margen al uso de la intimidación y la violencia).

Las cosas cambiaron a finales de 2012 con la creación en Zwara de la brigada Al-Mulathamoon (los enmascarados), una milicia que empezó combatiendo el crimen organizado como, por ejemplo, la distribución y el consumo de drogas y alcohol, y el tráfico de personas. La brigada estaba formada fundamentalmente por población civil local que temía ser identificada y castigada. Los miembros del grupo llevaban la cara oculta y habían jurado mantener el secreto. Aunque la brigada no acabó completamente con el contrabando, su acción afectó al menos al contrabando de alcohol, ya que algunos contrabandistas dejaron de cambiar combustible por alcohol para no convertirse en blanco de este grupo de vigilancia. Sin embargo, el comercio siguió floreciendo.

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Teniendo en cuenta la gran cantidad de dinero implicado, la inestabilidad del mercado financiero libio y la falta de seguridad en el país, los carteles del petróleo se enfrentaron al problema de qué hacer con esa cantidad enorme de dinero en efectivo que habían acumulado y recurrieron un mediador de España que aconsejó a los carteles del contrabando que empezaran a trasladar el dinero a España con el fin de invertir en propiedades y que crearan empresas fantasma para blanquear los beneficios procedentes del comercio ilegal. Así que se crearon empresas en Barcelona y Marbella dedicadas a la importación y exportación que se utilizaban para introducir dinero en España.

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El método más habitual consistía en crear empresas dedicadas a la compra de coches y camiones usados y material pesado —que cuestan mucho dinero— y enviarlos a Libia. La realidad es que parte del dinero se dedicó a estas adquisiciones mientras que el resto se empleará en comprar casas y apartamentos en toda España recurriendo para ello a contactos y mediadores locales que registren las inversiones. En este proceso incluso llegan a solicitar la residencia española.

Hace poco tiempo que la OTAN y la Unión Europea han desplegado su flota frente a las costas de Libia para poder vigilar de cerca la influencia cada vez mayor que los extremistas están ejerciendo en este país, pero no han realizado un esfuerzo serio por poner fin al comercio ilegal de combustible ni han hecho nada por acabar con el flujo de efectivo que genera. Como la economía de muchos países de la Europa meridional está atravesando momentos muy difíciles, son muchos los libios que se preguntan: ¿Está haciendo la UE la vista gorda a este comercio ilegal o es parte de la conspiración destinada a acabar con la riqueza de Libia?

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