La crónica de hoy la recordaré un buen tiempo, ya que afirmo desde antes del primer punto que no corren buenos tiempos para la libertad de prensa. Mi bandera siempre ha sido la libertad y si la prensa somos la artillería de ella, orgulloso estaré de contar las historias con la misma libertad que me caracteriza, aunque unos pocos intenten coartar la libertad de prensa y por ende la Constitución.
Así lo califico después de sufrir un traumatismo craneoencefálico y hematomas por todo el cuerpo. Es lo que pienso y siento.
Mi compañero de batalla me preguntaba en la sala de urgencia cómo podíamos ilustrar la agresividad sufrida. Revisando las imágenes del 25S, he encontrado la fotografía que relata el mismo odio con el que me han agredieron la noche del 26 de Septiembre. Me agreden por llevar un chaleco que indica «PRENSA» y en las manos una humilde libreta con un bolígrafo.
El relato de la agresión sufrida quiero hacerlo de la manera más fiel posible. Recuerdo aquella clase del profesor Herrera que decía: «contar historias es fácil pero describirla con su crudeza es aún más complicado cuando tienes la ira en la piel.»
Eran las 23:25 cuando notamos que la Policía comienza a rodear a los manifestantes. Unas 300 personas congregadas en Neptuno. Se oía por las radios de los policías las órdenes de ir desalojando. La orden era clara y nítida. La prensa va cogiendo las posiciones y los reporteros gráficos la primera línea.
En un primer momento los manifestantes se sientan en el suelo ofreciendo resistencia. La Policía toma la decisión de ir sacando de uno en uno a los que se resistían. Yo me encuentro en una distancia más que prudencial para no entorpecer a la policía y a los compañeros gráficos.
En ese momento observo cómo la policía pretende ir barriendo hasta Cibeles, mi posición siempre fue desde la acera y no desde la calzada. Me encuentro en el paseo del Prado por el lateral izquierdo. La policía solicita a un grupo que va empujando que por favor avancen de manera rápida. Yo escucho las indicaciones y así procedo.
Voy con un chaleco donde dice claramente «PRENSA», nombre del medio para el que trabajo y una acreditación colgando con mis datos filiales.
Avanzo con la celeridad que me solicitan, y en paralelo a la acera por donde voy subiendo, entran un nutrido grupo policías que me dicen que corra aún más. Ven claramente que no soy un terrorista, sólo llevo un chaleco que dice en grande PRENSA y mi única arma en la mano: una libreta.
Recibo el primer porrazo que me tumba en el suelo. Estando en el suelo y de la manera más zafia y cobarde, me siguen dando con la porra, y es cuando escucho en tono jocoso ‘es prensa’. En ese momento pensé que ser testigo de un conflicto urbano tiene más riesgo que un conflicto bélico. No en encontraba respuesta a los golpes que recibía.
Consigo levantarme y es cuando un individuo me dispara con una escopeta de estruendos a menos de un metro de distancia, todavía tengo el sonido que me retumba en el oído. “¿Qué pretendían? ¿Quemarle la cara o dejarle sordo?» me preguntaba uno de los facultativos que me atienden en urgencias.
Lo que sí descubrí durante el ensañamiento que recibí, que fue fruto de frustraciones personales o profesionales. La mirada lo decía todo, por ello no he querido que la foto sea la mía, la foto que refleja el odio que recibí por hacer mi trabajo es la que os muestro.
Tengo claro que la buena obediencia es aquella que con inteligencia e iniciativa colabora y consigue su fin. Me viene a la memoria aquello que afirmaba el grande Andrew Vachss: “El periodismo es la protección entre la gente y cualquier clase de regla totalitaria. Es por eso que mi héroe, obviamente dañado, es periodista“.
Desde aquí agradecer a todos los compañeros de profesión el afecto transmitido y rendir homenaje a todos aquellos que dan los mejores años de su vida, al servicio de la información libre e independiente.
Si España es portada The New York Times varias veces en lo que llevamos de mes, es para que políticos y policía se pregunten: ¿Estamos haciendo algo mal?
De callar no me arrepentiré nunca: de hablar, muchas veces. Por ello mejor dejarlo aquí.
Conclusión: Traumatismo craneoencefálico leve y hematomas por todo el cuerpo, eso me pasa por llevar una humilde libreta con un boli.
¡Viva la libertad de prensa!