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martes, 4 octubre 2022

Shinova reta al karma y exhibe ‘La buena suerte’ afrontando su evolución pandémica: «Hemos crecido y no sabíamos cuánto»

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La banda repasa el proceso creativo de su último álbum admitiendo que han ganado músculo y que han llorado componiendo.

Shinova ya ha vestido de gala a ‘La buena suerte’, su sexto álbum pergeñado a mitad de camino entre la prepandemia y el confinamiento en un escenario al cual le deben parte de su esencia. Tanto el proceso creativo como el contexto ha terminado de redondear un disco que, como la noria que ilustra la portada, consigue a base de píldoras episódicas conformar un discurso que eleva la ‘shinovez’ al máximo exponente.

En pleno proceso de presentación de esta nueva entrega, Gabriel de la Rosa y Erlantz Prieto, vocalista y guitarra-corista de la banda, destripan, en una entrevista concedida a Europa Press en la sede de G News, el cómo y del porqué, admitiendo que si bien la incertidumbre supuso un punto de partida a la hora de sacar a pasear al disco, la «ilusión brutal» ha conseguido que todo empiece a funcionar.

Aunque admiten que las ganas de música del consumidor tras un año sin directos ha terminado por reventar la ecuación del éxito de su disco –número dos en ventas, liderando la lista en el caso de los vinilos–, aseguran que ahora el gran público «apoya de forma brutal, más que nunca» a los creadores musicales.

Si bien gran parte del disco «se había gestado antes de la pandemia» –hasta tres canciones se grabaron antes del estado de alarma–, Erlantz reconoce que se han tenido que descartar temas por su contenido. «Parecía que hablaban de la pandemia sin que hablaran de la pandemia. Podría suponer un conflicto o hacer que la gente clasificara el disco en una etapa demasiado concreta», asevera.

Aún así, el espíritu de ‘La buena suerte’ no se separa de un tono «optimista y alegre» tras épocas más «tristes y oscuras», un traje que «ha venido bien» a la banda.

SEGUNDAS PRIMERAS VECES EN CASA

Shinova enseñó el álbum primero en Vitoria a ciegas y una semana después en Bilbao tras haber sido presentado en sociedad. En la primera cita, estrenaron el repertorio al completo, y percibieron esa sensación de «esas primeras veces cuando no tienes ni disco y quieres ver qué puede funcionar».

«Y en Vitoria nos llevamos una sorpresa muy bonita, porque las canciones conectaron rápido con la gente», asegura De la Rosa, quien relata que en el bolo de Bilbao, «ya con el disco presentado», pudieron comprobar cómo la gente «ya se sabía los temas» mejor que la propia banda.

«Fue muy bonito, empezar en casa de esa manera es para recordar. Fue una primera vez llena de muchas primeras veces», enfatiza el vocalista, con palabras de agradecimiento a toda la parte técnica que hace posible la magia del directo. «Es un honor trabajar cerca de gente que está hecha de esta madera».

Erlantz comparte sensaciones en honor a la mano de obra que no se ve en un concierto. «Hay gente muy profesional que siempre va a intentar sacar las cosas adelante», celebra.

Ante la incertidumbre del calendario de festivales, da por hecho que habrá un proceso de adaptación en lo que entiende como «un año de transición» donde habrá que descartar citas de 20.000 personas mientas se espera a escenarios «más parecidos a la normalidad que se conocía» antes del COVID.

Las primeras sensaciones tras el encierro fueron también especiales. De la Rosa rememora su primer pase tras el confinamiento, una fecha en Gijón. «Los primeros cinco minutos fueron muy duros, impactantes, también por la emoción contenida de meses. Pero la música seguía funcionando entre la gente. No veíamos las bocas del público –por las mascarillas– pero sí las cejas, y eso te hace una idea de lo contentos que estaban», asegura, amortizando que «se echa de menos sudarse y lamerse» en un concierto, aunque dando por hecho que «la música, por supuesto, se abre camino».

COLMENERO Y LAS NUEVAS TEXTURAS

‘La buena suerte’ cuenta con la firma en la producción de Manuel Colmenero, tacto que reconocen como «una irrupción» que les ha enseñado «muchísimo», llevándoles por caminos ignotos hasta el momento.

«Hemos jugado con texturas de sonido, incluso a nivel de las letras, consiguiendo llevar un mensaje más directo sin descuidar el cómo se lanza ese mensaje. Ha sido un disco de mucho aprendizaje», asegura la voz de Shinova.

De su lado, Erlantz termina por admitir que el parón obligado por las circunstancias de la pasada primavera afectó, para bien, a la hoja de ruta de la banda. «Nos vino bien frenar, tomar tiempo para poder trabajar y sacar canciones adelante. Sin esos dos meses, no habrían salido canciones como ‘Te debo una canción’. Hay canciones que no habrían nacido», asegura.

En esta línea, da por hecho que el parón ayudó a redondear el producto final. «Creo que es inevitable pensar que lo que ha pasado ha condicionado al disco. Ha sido algo muy fuerte. El contexto siempre influye».

«AHORA HAY MÁS GENTE DETRÁS DE NOSOTROS»

Con este relato tras los últimos meses, Gabriel de la Rosa celebra la «respuesta tan bonita» que se ha recibido por parte del público tras apenas unas semanas desde el lanzamiento.

Tras soltar hasta seis píldoras antes de la presentación oficial del disco, algo que ha ayudado a promocionar «de manera más potente» el conjunto del álbum, han descubierto en esta forma de entrega por fascículos una forma de paliar la falta de contacto con el público.

En definitiva, asegura De la Rosa que tras los últimos meses detectan más gente apoyando al grupo. «Creo que sí, hemos crecido. No sabíamos hasta qué punto y ahora lo estamos viendo. Mucha gente nos escribe y las ventas han crecido más rápido que nunca. Todo va funcionando y eso indica que, igual sí, hay más gente detrás».

Llegados a este punto, según el prisma de Erlantz, la buena suerte que ilustra el título del álbum se hace extensiva al contexto en el que la pandemia pilló al grupo. «Tuvimos suerte y nos cogió en el momento de componer, y nos permitió tener pausa. Si nos llega con el disco recién salido, la banda habría pasado algún apuro».

NUEVE HORAS, UNA FURGO, NINGÚN CONCIERTO

De entre los peores capítulos provocados por la situación pandémica, De la Rosa no quiere dejar de citar el concierto fallido que, en un escenario que prefiere no desvelar, no pudo llevarse a cabo pese a atravesar el país en furgoneta durante nueve horas.

«Nos hicimos nueve horas de viaje, llegamos al lugar… y nos dicen que se suspende. Aunque todas las medidas de seguridad estaban garantizadas. No vino nadie a recibirnos, cancelaron el concierto, pero esa misma noche vimos multitud de botellones y fiesta en ese lugar. ¿Bajamos los instrumentos y tocamos aquí?» se preguntó, ironizando, el vocalista.

Tras esta reflexión, da por hecho que, aunque tanto la industria musical como el público habitual de conciertos «sabe lo que hay», el resto del panorama «ha demonizado de tal manera la cultura que es capaz de tirar abajo una producción que da de comer a mucha gente».

«DE LOS DÍAS OSCUROS, SALEN COSAS BONITAS»

De la Rosa argumenta el tono optimista del repertorio de ‘La buena suerte’ con una confesión que orbita en torno a ‘Te debo una canción’, lo que fue el último tema compuesto para completar el disco.

«No lo he dicho nunca… pero salió todo de golpe. Recuerdo escribir ese tema con lágrimas. Se abrió el grifo, y mientras estaba terminando de escribir, no podía dejar de llorar», reconoce.

Como moraleja, la voz de Shinova celebra que, «de un momento tan duro, salió una canción preciosa». «De los días más oscuros salen cosas bonitas», remata la entrevista.

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